Cap Vermell, reserva natural
Desde Artà, un amplio valle torrencial baja hasta la playa de Canyamel. En sus laderas rocosas, que se prolongan hasta los acantilados rojizos del Cap Vermell, se abre la entrada de la cueva.
Las Cuevas de Artà se abren en los acantilados del Cap Vermell, 35 metros sobre el mar. Dentro te esperan 700 metros de recorrido guiado entre columnas, cortinas de piedra y salas de hasta 45 metros de altura.
Descubre uno de los lugares más sorprendentes y emblemáticos de Mallorca. Las Cuevas de Artà son uno de los mejores ejemplos del modelado que caracteriza el paisaje subterráneo de la isla. Esta maravilla, visitada al menos desde el siglo XVI, sigue siendo hoy uno de los principales reclamos de la isla por su belleza y grandiosidad.
Este paisaje subterráneo es el resultado de una larga y compleja historia geológica. Cada paso hacia abajo es un salto de millones de años.
La cueva está excavada en rocas calcáreas, compuestas sobre todo de carbonato cálcico (CaCO₃), que se depositaron en el fondo de antiguos mares durante el Jurásico. Contienen restos de caparazones y esqueletos de los organismos que vivían en ellos.
Con el choque entre África y Europa, que levantó los Alpes y los Pirineos, estas rocas marinas emergieron, se deformaron y se fracturaron. Por esas grietas penetró el agua de lluvia. Aún hoy se ve en el techo de la cueva cómo las estalactitas crecen alineadas siguiendo las fracturas.

El agua de lluvia, ligeramente ácida por el dióxido de carbono (CO₂), disuelve lentamente la caliza. Los geólogos llaman a este proceso modelado kárstico, por la región de Karst en Eslovenia, donde se estudió por primera vez.
Al asomar una gota en el techo, deposita la cal que llevaba disuelta y forma poco a poco una estalactita. Al caer, la misma gota deposita el resto en el suelo y forma una estalagmita. Con el tiempo, ambas se unen en una columna. Su crecimiento suele ser inferior a unos milímetros por milenio.

En el Plioceno inferior la cueva ya estaba formada y decorada por abundantes espeleotemas: estalactitas, estalagmitas, columnas, coladas y banderas. Muy característicos de Artà son los discos o escudos, superficies circulares inclinadas, raros en el resto del planeta pero aquí de dimensiones espectaculares.
Entre 4 y 3 millones de años atrás, sucesivas subidas del mar inundaron la cueva y dejaron sobrecrecimientos bulbosos en salas como el Purgatorio. En 2019 un estudio publicado en la revista Nature, con la Universitat de les Illes Balears, la Universidad de Nuevo México y la Universidad de Columbia, demostró con estos depósitos que hace 3,3 millones de años el nivel del mar era dieciséis metros más alto que hoy, con una temperatura solo dos o tres grados superior a la preindustrial.
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Durante el Pleistoceno la cueva adquiere su aspecto actual y se abre la espectacular entrada en los acantilados del Cap Vermell.
Agradecemos a los investigadores Joaquín Ginés y Joan J. Fornós (Departamento de Ciencias de la Tierra de la UIB y Sociedad Espeleológica Balear) y al fotógrafo de naturaleza Miguel Ángel Gual.
Una gran escalinata conduce a la boca natural de la cueva, con vistas sobre la bahía de Canyamel. Se entra por un túnel y se recorre un camino horizontal de más de 700 metros. La visita es guiada, dura entre 35 y 40 minutos y sale un grupo cada media hora aproximadamente, en español, inglés, francés y alemán. La temperatura oscila entre 17 y 22 °C con humedad elevada.

Una estancia imponente, decorada por numerosas estalagmitas y columnas que parecen formas humanas, espectros inmóviles. Desde la bóveda elevada cuelgan estalactitas alineadas con las fisuras de la roca.

Un interior casi gótico, sembrado de columnas delgadas, ojivas y doseles afiligranados. Al atravesarlo se suceden los cambios de luz más sorprendentes.
17 mEn el centro de un gran salón elipsoidal se eleva una esbelta estalagmita de unos 17 metros que se adelgaza en festones hasta el techo. Cerca, un disco inclinado de unos 4 metros de diámetro y anchas cortinas de piedra, el dosel, que flanquean el paso hacia el Infierno.
−10 mDesde un balcón se contempla una de las salas más vastas de la cueva, con un espectáculo de luz y sonido. Su nombre recuerda el descenso de más de 10 metros que los visitantes hacían antiguamente con escaleras de cuerda, a la luz de candiles y antorchas.

Se recorre por un puente elevado sobre el suelo. Destaca el Baptisterio, una estalagmita abultada en su parte superior por antiguos niveles de inundación.

Del techo penden cortinajes que parecen bambalinas y bastidores. Discos casi verticales y formas bulbosas cuentan cómo el agua subterránea se estabilizó una y otra vez.

Discos calcáreos con colgaduras de piedra penden de paredes y techo como banderas. Al fondo, un grupo de columnas gigantescas forma un órgano colosal que parece perderse entre las nubes.
45 mUn ascenso lleva a un mirador en la zona más alta de la cueva: el techo se eleva unos 45 metros sobre el fondo del Infierno. Desde aquí se distingue una formación que recuerda a un gigantesco elefante o mamut.

La salida pasa de nuevo junto a la Reina de las Columnas y la piedra de diamantes. Una gran escalinata devuelve a la boca de la cueva, con una vista espectacular sobre el Mediterráneo.
Con su gran boca de acceso, la cueva ya era conocida en tiempos prehistóricos. Las visitas documentadas más antiguas se remontan al siglo XVI.
Algunas leyendas sitúan aquí el refugio de la población musulmana tras la conquista cristiana. Otras hablan de ermitaños, de ahí su antiguo nombre: Cueva de la Ermita o Coves de s’Ermità.
Primera mención escrita, del historiador y geógrafo mallorquín Joan Binimelis en su Historia General del Regne de Mallorca.
Primeras descripciones detalladas: Isidoro de Antillón (1815), Joaquín M. Bover (1836) y Antonio Cabrer (1840), que exploraron la cueva varias veces.
Se construye la gran escalinata de acceso con motivo del viaje de la reina Isabel II a Mallorca, aunque finalmente no visitó la cueva.

Pere d’Alcántara Peña dibuja el primer plano detallado, publicado en 1885 en el Álbum de las Cuevas de Artá y Manacor de Sebastián Gay y Baltasar Champsaur.
La cueva gana prestigio europeo con las visitas de los científicos H. A. Pagenstecher y R. W. Bunsen (1865), el Archiduque Luis Salvador de Austria (1884) y los exploradores Gaston Vuillier (1888) y Édouard-Alfred Martel (1896).
Miquel Costa i Llobera sitúa en la cueva la leyenda de la sacerdotisa Nuredduna en «La deixa del geni grec».
Visita del rey Alfonso XIII.
Las Cuevas de Artà se incorporan al turismo de Mallorca y contribuyen a la oferta basada en la naturaleza de la isla.
La revista Nature publica el estudio sobre el nivel del mar hace 3,3 millones de años realizado con depósitos de la cueva.
«Per un batec de l’ansia amb què ton cor expira daríem les centúries de calma que tenim.»
Por un latido del ansia con que tu corazón expira daríamos los siglos de calma que tenemos.
Todo el año, excepto colegios. Acreditación con DNI o documento análogo.
Los niños de 7 a 12 años deben acreditar su edad con DNI o documento análogo.
Cerrado el 25 de diciembre y el 1 de enero. Visitas guiadas de 35 a 40 minutos, aproximadamente cada media hora, en español, inglés, francés y alemán.
Dentro hay unos 18 °C y mucha humedad. Lleva calzado cómodo: el recorrido incluye escaleras.
Las cuevas están en la costa este de Mallorca, en el término municipal de Capdepera, sobre la bahía de Canyamel. La entrada se abre a 35 metros de altitud en los acantilados rojizos del Cap Vermell.
Parking gratuito y puntos de carga para coches eléctricos junto a la entrada.
Coordenadas GPS: 39.656134, 3.451108
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Llega por mar: contacto y reserva con Moonfish.
Moonfish · +34 664 286 218
Ver mapa ↗Desde Artà, un amplio valle torrencial baja hasta la playa de Canyamel. En sus laderas rocosas, que se prolongan hasta los acantilados rojizos del Cap Vermell, se abre la entrada de la cueva.
Cala Ratjada, Cala Mesquida, Font de sa Cala y Canyamel. El valle de Sa Mesquida, con el cordón dunar de Munt Gros, y el valle de Canyamel son Áreas Naturales de Especial Interés.
Los poblados talayóticos de Ses Païsses, Son Satre, Son Cabila, Son Favar y el Claper des Gegant, y la villa fortificada de Capdepera con su castillo de hacia 1300, mandado construir por el rey Jaime II, desde el que se divisa Menorca.
Colinas calcáreas, playas vírgenes y bosques de pinos: buena parte de la costa de levante está protegida por sus valores naturales.
Fotografías: Miguel Ángel Gual y Cuevas de Artà.
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